Color & Equilibrio: Esperanza Egaña

Fotos: Emma Prevett / Conversación: Adentro Stories by Carolyn Prevett

Una tarde soleada nos sentamos a conversar con Esperanza sobre su casa: cómo la eligió y por qué, su proceso de sentar raíces, la obra y la decoración.

Un camino relajado y amable, con mucha atención a los detalles y el descubrimiento del amor por el color, logrando un hogar lleno de arte, recuerdos, luz y vida familiar.

Adentro: Vivieron en muchos países…

Esperanza: Sí, me considero una ciudadana del mundo. Empezamos nuestra vida juntos, primero en México, después Estados Unidos, Inglaterra y ahora estamos acá en Uruguay.

A: ¿Sentís que vivir en tantos lugares influyó en como vivís y armás tu casa?

E: Sí, porque a me gusta vivir y tener cosas que fueron parte de mi vida. Tengo desde esta biblioteca que era de mi suegra, que podés decir que es antigua que ya pasó de moda, pero si le das un toque moderno es un heirloom de cuando eras chiquita. Es lindo tener cosas que te llevan a tus raíces, que te recuerdan a tus raíces.

A: Usan mucho color…

E: Sabés que eso fue un descubrimiento. El color fue un descubrimiento. ¡Absolutamente!

Yo me tomé la casa y el proyecto como un proceso de búsqueda interior, un proceso de conocerse más, de saber quién es uno. Porque vos podes hacer copy-paste, vas a cualquier casa de decoración, hacés copy-paste, pero capaz que justo eso no sos vos.  A mí lo que me pasaba en las casas de decoración es que no necesariamente era yo, todo me inspiraba, cosas me gustaban, los tonos, los colores, pero no era yo. Fue una sorpresa…

¿Sabes cómo me inspiré en la cocina?

A:¿Cómo?

E: Estaba en Inglaterra de viaje y fuimos al museo en Portsmouth a ver el HMS Victory. El Victory es el barco de Admiral Nelson que lucha en Trafalgar y gana la batalla, fue una batalla náutica brutal. Y llego a la cabina de Nelson y digo: “Ah, ¡esta va a ser mi cocina!”…¡Te juro!

Amén de que leí la biografía de Nelson y me enamoré de Emma, que era su amante. Era una genia, ¡soy fan de la amante de Nelson! Y cuando Nelson se muere dice, “, cuiden de ella”, porque la quería un montón, pero no nacieron en la época en que se aceptaba eso. Era una trasgresora, ¡una genia!

Y así hice mi cocina. Mi arquitecta me peleó un poco el azul “te vas a cansar, te vas a cansar”. “Que no, no me voy a cansar”. Me trajo todos los colores de azul y todos eran la nada misma. Y claro, si voy a poner azul, ¡que sea azul! Pero la gente se asusta un poco del color.

Es muy gracioso verle la cara a la gente cuando le decís lo de la cocina de Nelson del Victory.

A: ¿Tuviste otra decisión así?

E: Sí, tuve. Cuando conocí a la paisajista que me hizo el jardín. La conocí hace mil años, y le dije, “¿Sabes qué? Tú me vas a hacer el jardín” porque su abuela era inglesa y ella es artista como buena loca, es loca con razón. Y me hizo el jardín.

Y con la arquitecta me pasó lo mismo, vino a arreglarme el baño y le dije: “Tú me vas a hacer la casa”, y me hizo la casa.

El color fue un descubrimiento. ¡Absolutamente!

A: ¿La compraron hace mucho?

E: Esta casa la compramos en 2019, en 2020 fue todo el proyecto, y nos mudamos en 2021.

A: ¿Por qué la elegiste?

E: Entré a esta casa y era un hogar; era una casa con muchos hijos, nada que ver a como está ahora, pero era un hogar. A ella le gustaba frondoso el jardín, tenía esta zona que era como una especie de quinchito, nada que ver, pero era un hogar y tenía buena onda.

Todo el proceso fue tan lindo, tan armonioso, que dije: ¡esto es! Tanto es así que a los obreros cuando venían yo les tocaba el gong y les decía “Paz y amor”, se mataban de risa. Venía el constructor y pasaba por al lado y le empezaba a tocar el gong. Todo el proceso fue muy lindo, comía asado con los obreros. Todo fue re lindo.

Era momento de tener una casa, nunca fui de querer tener un bien. Porque nunca creí en tener raíces en algún lado. Sigo pensando eso, si viene un loco y me quiere comprar toda la casa, se la vendo con moño y me voy a otra. Porque no me quiero apegar a las cosas materiales pero, por otro lado, es lindo el proceso de sentar raíces. Es lindo el proceso de decir “bueno, ¿cómo quiero vivir? ¿Qué cosas de la vida cotidiana me hacen vivir bien y más feliz? ¿Qué colores querés sentir que están, qué texturas, qué armonía de líneas querés? Llegar a un lugar y que te invite, te invite a sentarte, sea calentito, que la luz sea la adecuada.

A: Re detallista…

E: ¡Siiiii! ¿Detallista?  (Ríe)

Emma: En esta casa estés reflejando muchas que fuiste coleccionando…

E: 20 años. Empecé a coleccionar cosas que me gustaban en 2009. En una revista veía algo que me gustaba y lo cortaba, y empecé a hacer un scrapbook. Almohadones, colores, paredes, papeles. 2009, 2010… Cuando compré la casa le dije a la arquitecta: “¿Vs esto? ¡Tomá!”

Ya sabía las cortinas que quería, quería que fueran de lino que caigan vaporosas, etéreas. No sé qué casa iban a tener esas cortinas, porque de hecho las compré en México, tenía un ventanal con 14 metros de tela. Y quedaron en México, dije “No importa, el día que tenga mi casa voy a tener esas cortinas”.

Ya sabía que quería un sillón que te invite a sentarte, que te invite a estar frente al fueguito y, de hecho, acá te sentás, charlás, conversás. Mi objetivo también fue hacer cosas, el craftmanship, gente que hace cosas. Por ejemplo, los cueritos los conseguí a través de Fabián, un señor que tiene un emprendimiento en Sarandí Grande. El va, busca la oveja, me llama, me manda los cueritos, y me dice, “Lo que  tengo acá es el pan de cada día de mi familia”. Entonces, darle valor a esas cosas. Las mantitas son de una emprendedora que las hace a telar. Busco cosas que la gente hace a mano.

No soy rústica, no soy boho chic, sé que no soy nada de eso. Me gusta un toquecito de edge. Mi marido es más jugado, si me va a regalar un tapado, ¡me va a regalar el más más!  Yo soy jugada porque tengo el andamiaje que me dice dale…daaaale… ¿entendés? Es más jugado porque lo ejecuta. Yo dudo más, pero me copo.

La decoradora venía y me decía: “bueno, la cabecera de la cama puede ser beige, de lino, ¡o esta!”. Y era un cuero de vaca y me encantaba, “¡Esa!” Y me decía: “Ah, qué jugada”. Eso me divierte, son detalles.

A: Y sabés que ella te lo va equilibrar…

E: ¡Eso! Sabés que no te va a quedar un Dolce & Gabbana, flashy flashy! Me divierte ser jugada en los detalles…

E: Ese ventilador, por ejemplo, que todos me dicen “queda mejor una lámpara”, y sí, te entiendo, ¡pero no quiero comer con moscas! Era de mis padres, cuando mis padres eran jóvenes. Ya no existe de hecho. Como todo es de bronce, se rompió una cadenita y tuvimos que cambiarla por una de lata.

Esa cerámica, que es de Oaxaca, me la hizo un artesano; tenemos que dejarla abierta porque toma la humedad del ambiente y acá hay mucha humedad, si no lo abrís queda llena de hongos.

Yo no sabía que me gustaba tanto el color, yo descubrí que me gusta el color ahora, cuanto más vieja me pongo, ¡más color! 

Em: Hay como un aire Brasilero, pero se nota lo mexicano y ahí lo inglés.

E: Trabajé con una decoradora. Sabía lo que quería pero la decoradora, que es algo que aprendí, te armoniza. Te hace la visión desde arriba, te ayuda a verlo desde otro lugar.

Yo quería una mesa para acá… (el parrillero) y en eso, veo en una revista que me llega de Londres un tipo que tiene en Valencia un cuadrado como esto. Todo con paneles de madera escondido. Y tenía una mesa así, y dije… ¡esto! Estuvo bueno eso. Entonces me lo hizo un herrero, el carpintero, el tapicero. La podés mover, todo es movible.

Atrás de estos paneles está la tele, la música y acá es la parte del vino… flores. Cuando viene gente cada uno se sirve, es cómodo.

Ese es el señor Quacker. Son de colección, los Royal Dolton.

“Yo prefiero poco de buena calidad.”

“Es lindo el proceso de sentar raíces. Es lindo el proceso de decir bueno, ¿Cómo quiero vivir? ¿Qué cosas de la vida cotidiana me hacen vivir bien y más feliz?”

Esperanza: Mi cuarto es mi cuarto… acá no entra nadie. No está terminado, falta la cabecera. Estoy tratando de encontrar una vaca de 2 metros por 2 metros, ¡pero no existen vacas tan grandes! (Ríe)

Esto es restaurado del año… del año… (mueve las manos hacia atrás, mientras admiramos la lámpara.)

Las mesitas de luz eran de mi abuela, era mendocina y le gustaba tomar mate a la mañana. Entonces le traían su matecito antiguo, se lo ponían ahí. Cuando tomaba café también te recibía con esas mesitas.

El beso de Rodin es una interpretación. Me encanta la mano de él, la mano de ella. Me encanta, ¡Me encanta!

Esto es re lindo, está hecho a mano todo en hierro, son unas canaletas que cae el agua y hace ruido. Lo trajimos de República Dominicana, en todas las casas tienen eso, que cuando llueve, LLUEVE. Cuando estuve ahí, vi que todas las casas tenían esto colgando. Casas de techos altísimos. Y preguntando, preguntando, encontré, y son divinos.

Este espacio fue lo que me enamoró de la casa, este pulmón. Lo cambiamos un poco, porque podés estar acá al té o a la nochecita.

E: En el comedor va un cuadro de Cuttica, que esa es otra historia re divertida: Mi marido viene y me dice, “Mirá, en un remate a beneficio compré dos cuadros”, y cuando me muestra los cuadros le digo “Sorry, pero los cuadros no”. (Todas nos reímos)

Cuttica tiene una característica que pinta unas lunas. Sus lunas son unos niños mirando al horizonte o flotando, y usa algunas flores y pajaritos que a mí me llevan un poco a la muerte. Es bien rioplantense, colores como Fader y amarillos, todo, pero tenía esa cosa. Y él me dice, “No, ¡no me hagas esto! Bueno, vamos a ver si vamos a su atelier”. 

Pleno verano en Buenos Aires, calor, cruzamos toda la ciudad, fuimos, y yo empiezo a mirar, mirar, mirar… Y tenía un toro, otras lunas volando, y dije: “No, no no… Acá no va…”

Y él se empezó a poner más nervioso porque veía que a mí no me gustaba y él me quería convencer de lo que hacía Cuttica, y yo: “No sé, pero no, no.” Y mi marido me decía: “Pero te tiene que gustar algo…” Y mirando, mirando, mirando… entre cuadros viejos, encuentro uno totalmente sucio, abandonado que tenía unos jacarandás, y el amarillo que yo estaba buscando. No me preguntes por qué buscaba amarillo, pero hay un cuadro de Fader que lo vi hace años en un museo y siempre me encantó ese amarillo.

Le dije “¡Quiero este!”

 

Se quedó mirándome y me dice: “Pero ese no está terminado, no puedo…”

“Pero a mí me gustó este.”

“¿Cómo te va a gustar ese si está todo sucio? No está terminado, tengo que pedirle a mis ayudantes que lo limpien para empezar…”

¡Mi marido no sabía dónde meterse!

Cuestión es que lo pintó, lo arregló y está en lo de mi suegro esperando el trámite de aduana. Planté tres jacarandá afuera. Entonces va a ser los Jacarandá, el del cuadro y el amarillo que va acompañar el otro del living.

Es re lindo, y tiene una luna. En el momento le digo “Bueno y sin la luna…” Y al tipo se le caían lo pelos, porque si vos hablás de Cuttica, hablás de la luna.

“No”, me dice, “una va,”

“Entonces que sea una luna feliz, una niña que sea feliz.”

Y, aparentemente, es feliz… pero es un espectro, espero que mis hijos no me digan: “Mamá me da miedo el cuadro”.

Tengo cosas que me llevan, me traen, me llevan, me traen…

Es lindo vivir la casa antes de decorarla porque, sino, la estás decorado de revista. No sería yo.

Acá, esto, es el Río de la Plata, está hasta el techo pintado. Esto es lo máximo para mí, acá no dejo que nadie lo use, pero TODOS lo usan.

Les digo: “¡Este es mi baño!”

Y me miran con cara de: “Pero es el baño, Mamá”.

Me gusta cerrada la cocina, porque la cocina me aturde un poco. Este divisor es bien de los 60s original.

E: La cocina, la usamos un montón, nos sentamos mucho acá. Es linda la luz que entra. Los frascos los mandé a hacer, son re funcionales.

Me criticaron mucho la mesada, que era de modé, que no se usa más, pero yo no quería ver migas en la mesada. ¡Está limpia! Vos no sabes si está o no.

A: Esas cosas son fundamentales de la vida.

Ea: De la vida, sí…Eso es lo que tiene la casa, es funcional. Esté limpia o sucia, vos la tenés que vivir. Cada rinconcito, tenés que vivirlo.

A: Viniendo de la casa alquilada, ya sabían que querían y qué no.

E: Teníamos una idea de cómo queríamos fluir.

A: ¿Esta terminación es original de la casa?

E: No, el boiserie lo puse yo. Me gustaba porque le daba un marco a la casa, una estructura. Hicimos mucho hincapié en las terminaciones. Igual, es difícil el tema de la expectativa y la realidad. También, hicimos la casa en el medio de la pandemia, entonces había que trabajar con lo que había, con los tiempos que había y, a veces, tenías que comprometer cosas.

A: ¿Qué sentís que tuviste que comprometer?

E: Por suerte casi nada, pero bueno, había que trabajar con lo que había. Te decían: “Podés traer la grifería de Alemania, pero va a demorar”. Ahí decías “Bueno, uso la que está acá ahora”. Si esperaba a traer la grifería, iba a demorar un año.

Eso también es un aprendizaje para mí: usar lo que hay acá. Estamos re contentos con lo que hay acá.

 

E: Este espacio no tiene luz de arriba. Asique fue un desafío iluminarlo. Estos baúles eran de mi suegra, me acompañan siempre. Se ve que los pintó mi suegra, no sé quién los pintó, pero siempre fueron verdes.

Los cuadros están todos acá, todavía no los he puesto. La idea es poner sobre mi escritorio todas mis cosas, el tema es cómo ponerlos. Soy muy de que necesito ver las cosas, mis frases, mi inspiración, mis cosas. Quiero colgar el Cuttica y ver qué pasa.  

Tengo muchas frases, pero las tengo todas guardadas.